LEMA ORANTE.
22 de Febrero de 2026
¿Cuándo… cuándo se heredó… –porque, sin duda, ha de ser algo heredado hasta el momento, aunque sin base científica, más de acuerdo con las leyes de Lamarck que con Darwin- cuándo, cuándo se heredó la culpa?
Bien es cierto que, en el Génesis, la mujer en comunión con la serpiente, o la serpiente en comunión con la mujer, fueron las culpables… –¿ahí fue que empezó la culpa?- de la desobediencia a lo Divino.
Por culpa, por culpa de Caín, que mató a Abel, se heredó la guerra. Por ejemplo.
Y sucesivamente, las culpas se fueron repartiendo.
En el fondo, en el fondo… quizá por la herencia de ser culpables ante lo divino.
En consecuencia, cuando alguien tiene la culpa de que… “tú tienes la culpa de que yo esté preocupado”, en el fondo es: “tú, con lo que haces, estás desobedeciendo tu normal comportamiento ante lo Divino; y, por añadidura, me salpica a mí. Tú eres culpable –casi podría decirse- ante Dios y ante mí”.
¡Guau!...
Por una parte, es… hasta qué punto es culpable, que prácticamente toda una civilización, y luego civilizaciones posteriores, admitieron a través del cristianismo que… el Cristo vino a redimir la culpa, el pecado original: ese de Eva y la serpiente.
En teoría ya estamos libres de ello; “en teoría”. Pero hay que fijarse en hasta qué punto está ese componente génico, que no se deja de emplear, entre los hombres, la palabra “culpable”.
El que más o el que menos es culpable… de algo: ante Dios… y ante otro, otros o muchos.
Ya se decía en la costumbre cristiana católica, en el sacramento de la confesión: “por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada…”. Etcétera, etcétera.
Ahora, démosle la vuelta a la moneda, y pensemos por un momento, como posibilidad: “¿Cuál, cuál sería… –en vista de esa herencia culpable- cuál sería el interés –extraño interés, pero hay que admitir cualquier interés- de la Creación, de la Providencia, en tener una especie culpable, que siempre va a ser culpable, que está llena de culpas?”.
Es como tener una especie en donde todos los seres que se replican tienen anomalías congénitas. ¡Qué bárbaro! ¡No hay ningún ser normal! Salvo en este caso, desde el punto de vista religioso, los enviados como Mohamed –“el Bendito”, “el Misericordioso”-, Buda, Krishna, Cristo… y, bueno, algunos más, pero ésos, los más conocidos.
Después de miles de años, ¿es compatible… –ya desde nuestro pensamiento simple y rústico- es compatible mantener una reproducción que tiene la tara de la culpabilidad?, ¿que se va a hacer culpable, va a crear culpables, va a gestar culpables…?
¿El perro se siente culpable de ladrar a los fantasmas? Por lo que sabemos, no; no se siente culpable. En cuanto se nota que hay un silencio, ladra… al fantasma del silencio.
¿Se siente culpable el león, cuando caza?
¿Se siente culpable el árbol, cuando penetra una cañería para alimentarse de agua?
A lo mejor sí, ¿eh? Pero no… no parece.
¿Se sienten culpables los mosquitos y las moscas, de torturarte?; seguramente porque estás en su territorio, pero, en cualquier caso, ¿se sienten culpables?
La cuestión, desde la óptica orante, es… la versión del ser como culpable o no culpable.
Curiosamente –para ir a otro nivel- se dice, según la ley, que todo ser humano es inocente… mientras no se demuestre que es culpable. Resumido: a todo ser humano se le presume… presunción de inocencia. Aunque coincidan sobre él todos los datos y todas las pruebas, habrá que juzgarle, habrá que investigarle, habrá que defenderle… tendrá derecho a un juicio justo… y luego…
En el fondo, parece que esa ley universal –más o menos universal-, en su aplicación, trata de despojarnos del sentimiento de culpabilidad.
Porque hay que fijarse en una cosa, ¡ojo! Además de los sentimientos culpables que cada uno tiene, hay que añadir la preocupación de las culpas que los demás tienen sobre nosotros. Es decir, es un… ¡un gen doble! Porque si solo fueran las culpas que uno tiene: “ah, yo soy culpable de aquello, de aquello…”, ¡bueno!, bueno… como eres tú, pues tú te lo llevas más o menos. Pero, además, tú has declarado culpable a éste, a aquél, a aquello… ¡Y eso pesa! ¡Mucho!
Tanto es así que, cuando la persona, por un momento de despiste… sí, emocional, meditativo u orante, logra despojarse de esa doble culpa, ¡uf!, siente como si el cuerpo fuera saludable, ligero, armonioso, gustoso…
Inténtenlo en cualquier momento, desde este mismo instante.
Claro, como tengo la culpa –aunque los demás no lo sepan, yo soy el culpable “de”- me tengo que castigar.
Como aquél, aquélla, aquéllos, tienen la culpa de mi fatalidad, tengo que castigarles, ¡o hacer que les castiguen! Es lo justo.
Así que se desarrolla una doble guerra. Porque, además, el que es castigado procura defenderse, procura… en el fondo, en el fondo, decir que no es culpable.
En otro nivel podríamos decir: “Pero… en este Universo infinito, donde nada soy y no soy yo, ¿de qué puedo tener la culpa? ¿Es que acaso puedo cambiar el rumbo del movimiento del cabello, de un pelo del cabello?, ¿o ni siquiera eso?”.
Lo hemos dicho otras veces: que en el lugar de la culpa poner la responsabilidad. Es un paso, no es la solución. Es un paso en el que… me responsabilizo ante los hombres; ya no me siento culpable ante lo divino, puesto que no… no lo puedo ni culpar ni puedo decir que me haya declarado culpable, porque soy producto equivalente de su Creación.
Así que la palabra “responsabilidad” me brinda la ocasión de rectificar hablando, pactando, aclarando…
Cuando… –en otro plano- cuando sabemos de la construcción de nuevas cárceles; cuando sabemos que todas están llenas, rebosantes; cuando el país del imperio tiene seis millones de presos, el que más –por ejemplo-, no podemos por menos que preguntarnos qué… en qué condiciones, qué condiciones se tienen que dar para que haya tantos culpables que merezcan ser prisioneros.
¡Qué… qué difícil debe de ser declarar culpable a alguien! Y, como consecuencia de ello, encarcelarlo por un tiempo, por cadena perpetua o ejecutarlo.
Y en otro plano –y, como vemos, son infinitos los planos en los que está radicada la culpa-, hay una metástasis generalizada. Y el ser se culpa por no haber doblado a la derecha cuando era lo que tenía que haber hecho, y dobló a la izquierda; se siente culpable de haber comprado esos zapatos que no le daban buena pinta, pero…; se siente culpable de que ese pollo, en vez de comprar pollo, después de ver el aspecto del pollo, tenía que haber comprado merluza, sí.
Y así, la diseminación de la culpabilidad se hace… “una culpa”; es decir, el ser termina convertido en una culpa: eres una culpa.
Simultáneamente te culpas a ti y a los demás.
No hay que olvidar –en otro plano- los países culpables. Sí: comunidades enteras son culpables “de”. Ya, más que una metástasis es una pandemia.
Y España es culpable de lo que ocurre en Cataluña, por ejemplo.
Y Alemania es culpable de todas las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.
Estados Unidos es culpable del primer ensayo atómico sobre la población humana.
Y así sucesivamente, podemos culpar a comunidades enteras, sin distinguir ya… este individuo de este otro; no, todos.
—Usted es… Entonces, usted es culpable “de”.
—No, mire, si yo me dedico a enseñar a leer y escribir.
—Ya, da igual, pero es usted de ese país, así que usted es culpable. No puede pasar. Necesita una super Visa; porque se ha declarado que ciudadanos de este país, y de éste y de éste y de éste y de éste y de éste, no pueden pasar si no tienen un requerimiento y una inspección especial. Entonces ya… todos ustedes son culpables.
Bueno… Quizás, para no seguir la pandemia, la epidemia generalizada –y lo es, ¡y lo es!-, se inventó, creó… –¿cuándo?- el perdón.
Y así, por ejemplo, la sabiduría-bondad de un juez estriba en saber administrar el perdón.
Y así, la religión católica instauró el sacramento de la confesión para poder perdonar los pecados… absolver la culpa, tantas y cuantas veces ocurriera, siempre y cuando hubiera un arrepentimiento por parte del culpable.
Bien. Pero eso puede ser momentáneo o circunstancial.
Si… si somos… –a nivel de síntesis- si somos culpables ante la Creación, el único que nos puede perdonar es la mismísima Creación. Y si es así, ya lo ha hecho, porque seguimos con su Fuerza y con sus… con sus dones y sus Gracias.
En consecuencia, no tenemos nada que perdonar y debemos desculpabilizarnos; responsabilizarnos.
Y que ese auxilio y esa Piedad nos envuelvan en nuevos códigos que no se contaminen. ¡Es posible!
Quizás… ha llegado la hora de complacernos, de complacer, de des-juzgar, de des-culpabilizar.
Quizás ha llegado la hora de vivir en las evidencias, sin culparlas, sin juzgarlas…
Quizás ha llegado el momento de declararnos ¡inocentes!… ante lo Divino y ante los hombres… ¡por ser un producto de la Creación!; por ser Creación.
Ha llegado…
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