LEMA ORANTE.
27 de Septiembre de 2026
Las ofertas son cuantiosas, y con ellas se evalúa el ser preguntándose por sus demandas. Algunas coinciden, otras no.
Se crea la preocupación, y de ella se va destilando poco a poco, ante la falta de logros, el fracaso.
Con ello se gesta la indiferencia, y da igual lo que ocurra o lo que pase; amén del miedo a cualquier acción por temor a fracasar, según los cánones que imperen en cada momento.
Y es así que el ser se encuentra en una trabécula, asfixiado por su propio estilo de plantear, de ofertar, de demandar.
Se ha vuelto una industria… Y cada uno oferta sus verdades y sus consignas, a fin de saciar las demandas de otros o anularlos con sus propuestas inalcanzables.
Y es así que se va consiguiendo una progresiva falta de identidad, falta de convicción y, sobre todo, falta de iniciativas, falta de creatividades, falta de propuestas. Todo a expensas del poder de la oferta.
Con el transcurrir de la competitividad, oferta y demanda se hacen similares. Y resulta difícil saber, a veces, cuándo se está ante una oferta o ante una demanda.
Se va así perdiendo el verdadero criterio de las necesidades, que se encuentra ahí suspendido por multitud de posibilidades, la mayoría inalcanzables.
Con estas evidencias y con previsiones de... ¡quién sabe!...
Dicen los expertos, en sus estudios –como una muestra-, que las perspectivas de igualdad de género han disminuido de una forma progresiva en los últimos años, más que crecer. Aunque va por barrios, claro; va por países y zonas. Pero las previsiones de los expertos –las previsiones- es que la posible igualdad de género, al ritmo que se va, se logrará en el año 2197.
“2197”. Como que no está muy lejos, pero… estando en el 2026… y dada nuestra capacidad de vivir, se hace… ¡bueno!
2197.
¿Esto es una previsión? ¿Esto es una oferta, o una demanda, o un aviso para…? Porque, “si tan largo me lo fiais”, ¿con qué fuerzas se van a animar las sociedades? ¿Con qué fuerzas? Si ahora se encuentran desaforadas, deshilachadas, descompensadas, despreocupadas y preocupadas a la vez… y con un miedo que se hace progresivamente más inevitable y natural.
Planteadas así las situaciones –sin ánimo de drama, no, se pueden plantear muchísimo peor-, la Llamada Orante nos advierte, nos reclama que si, evidentemente, hacemos caso a estas previsiones –y otras, pero a estos estilos de estar- y, en consecuencia, con la única referencia del poder humano, no habrá respuestas o resultados capaces de calmar, aliviar –por instantes, nada más- a una población en desespero. Pero un desespero… como de “destino”, de ese que dice que nada se puede hacer.
Claro, podría decirse que, a los ojos de los hombres, todo está ya consumado. Faltan detalles de nuevos terrores, pero los desenlaces son muy previsibles… bajo ese punto de vista y ese patrón. Es lo que se anuncia, además.
Pero si variamos la referencia y nos situamos en la Creación, y bajo el sistema orante nos situamos en el Misterio Creador, no es de validez de Vida Eterna una conceptualización de ofertas, demandas, premios, castigos, miedos, desesperos…
Y se impone, bajo el criterio de ser habitantes del universo, una conversión –modernamente sería un reseteo- de todos los planteamientos que dominan, controlan y manejan y manejan y manejan, y manipulan, manipulan, manipulan.
Basta, además… –justos en los cálculos se está- basta con que el combustible habitual tenga un precio exagerado, para que las mercancías se muevan exageradamente en precio, para que los costos de los productos que han sido movidos se incrementen progresivamente, y para que, así, cuando llegue al consumidor, éste, o bien no lo pueda consumir, o bien –que será la primera fase- se empeñe económicamente con una deuda ilimitada, para poder consumirlo.
Y la industria del combustible tan solo ha variado en una unidad más el precio de sus productos.
Y si antes podrías comprar A, B, C y D, ahora puedes comprar A, B… ¡ya! Y si quieres C, aparte de entrar en el prestamismo, probablemente tengas que laborar muchísimo más.
Y esto ocurre en todo el planeta. ¡Vamos, está ocurriendo!
Es difícil no pensar que todo esto es una maniobra debidamente calculada para una re-acomodación de la población, para inducir a un mayor servilismo social, para cronificar cualquier tipo de dolencia y para facilitar un control productivo y rentable.
Bajo otras referencias –y volvemos a la perspectiva de humanidad universal, de universo-, el adaptarse –esa “resiliencia”, que se dice ahora más- a lo imprescindible y necesario –con las dificultades que encierra definirlo, porque en cada ser probablemente sea diferente-, la disminución del consumo, la conservación de lo dispuesto, con el arreglo, con la artesanía… Dejar de ser una demanda, para que así la oferta se encuentre sin renta, sin consumidor.
Hacer acopio del saber, de los teóricos derechos, para así al menos mover al poder administrador a explicarse, a defenderse. Y de esa manera, establecer un criterio, un criterio personal –que puede ser grupal- ante cualquier arrase del poder, del dominador.
Se está llegando a ese punto en el que …–y esto hay que mirárselo a uno mismo- en el que está la queja de que: “¡Ah!, es que ahora es así, es que han puesto esto asao”, y la única posibilidad es… algo más que adaptarse, ¿no?: obedecer, a sabiendas de que nos están explotando.
Al menos darse cuenta y establecer un sentido de rebeldía… para que esa posición vibre. Y va a llegar a los ofertantes exigentes y productivistas.
Somos pocos en cuanto a individuos que pueden presentar otra faceta: con una rebelión sin violencia, pero con firme contundencia y convicción. Y pocos-pocos, si nos recluimos en nuestra estricta comunidad. Pero si abrimos el universo, no somos una estricta comunidad, somos unas cuantas comunidades.
Y en consecuencia, en sintonía con los ideales de sanar que nos envuelven, el sentido individual de solución, de actitud, no está solo. Está envuelto o pertenece a todo un criterio labrado a través de los años y corroborado en su eficacia. Pero ciertamente, en el mundo global, una pequeña instancia tan solo.
Saber estar en esas proporciones, pero con la certeza de que somos comuniones.
Somos comuniones, no individualidades. Y eso no quita para nada la originalidad de cada ser y su aporte sintónico con otros de diferentes perspectivas. Pero como humanos en el sentido de la liberación, se es una comunión, se es un conjunto.
Y como seres creados, y con esa naturaleza de universos… puntualmente instalados como individuos, tenemos la capacidad para creativizar, corporalizar, cooperativizar el impulso y la fuerza para dar otras respuestas, para asumir otras calidades.
El hacer irremediable en torno a la virtud se nos demanda desde nuestro origen de Misterio Creador, desde nuestro microcosmos, que se equipara a ese universo de vida.
Esa perspectiva ha de tenerse “permanentemente activa”. Permanentemente activa para dar permanentemente respuesta.
Las llamadas de alerta, de atención, y en ocasiones de alarma, deben estar prestas, engrasadas y preparadas para dar respuestas, para ofrecer criterios, para aclarar posiciones.
La estancia orante continuada nos brinda la ocasión de estar en Creación permanente, en Universo constante, en actividad planetaria reciente, de ahora.
Cuidado se ha de tener para no enarbolar justicias, dogmas y radicalismos… como protesta o defensa.
Más bien es el testimonio que podamos ofrecer, que debemos mostrar, con la consiguiente propuesta y ¡entusiasmo!... que nos lleve realmente a la sintonía de nuestro micro-universo con el macro-universo; y, de ahí, a sentir el influjo permanente del Misterio Creador.
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